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Columnas

Subido en el barco

Para los que nos hacemos llamar “teleadictos”, diversificar nuestra fuente de entretenimiento es fundamental.

por William Vargas

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No me tomen a mal, Estados Unidos siempre encabezará el top de países productores de series, películas y otros formatos audiovisuales. Pero, de vez en cuando, es bueno echar un vistazo por otros predios. Y es que, últimamente, no dejo de devorar contenidos provenientes de España, Inglaterra, Canadá y Latinoamérica. Series y miniseries que no son tan conocidas, ni tienen distribución oficial en República Dominicana, pero que gracias al internet hemos podido llegar a ellas, evaluándolas y disfrutándolas. Tal es el caso de “El Barco”. Una producción de la cadena Antena 3, que en menos de un mes logró colocarse entre los programas más vistos de España. A mis ojos llegó por casualidad. Y desde entonces la sigo, ya que todos los capítulos emitidos hasta la fecha están disponibles en la web (http://www.antena3.com/series/el-barco/) y, aunque no lo tengo claro en este momento, entiendo que también la podemos ver por Antena 3 Internacional. ¿Cómo definirla? Sin dudas, un drama. Una historia que mezcla un poco de acción y ciencia ficción, con un toquecito pop-adolescente. Algunas veces me recuerda a “Lost” –sobre todo en el uso de la música en momentos de tensión e incertidumbre– y a la desafortunada “Flashfoward”, pero que la prensa ibérica ha dicho que se parece mucho a otro serial del mismo canal y productora que se llamó “El Internado”.  “El barco” narra la historia de un buque-escuela repleto de jóvenes de cuerpos esbeltos y hormonas revueltas, que el mismo día que inician su travesía descubren –tras una estrepitosa tormenta– que el mundo se ha “acabado” –debido a un accidente con el acelerador de partículas de Ginebra que ha desaparecido los continentes– y son aparentemente los únicos habitantes del planeta. Monstruos marinos, rabiosas aves, conflictos emocionales y muchos misterios, completan esta propuesta. Y siguiendo con mi predilección por los temas apocalípticos –y buscando en qué entretenerme, “zombísticamente” hablando, en lo que regresa “The Walking Dead”– descubrí hace poco una serie inglesa de la cadena E4 llamada “Dead Set”. Se las recomiendo por la originalidad de su trama. Son solamente cinco episodios que, exceptuando el piloto, tienen una duración de veinte minutos cada uno, por lo que es fácil de ver en ese aspecto. El argumento puede parecer, a priori, algo surrealista. Básicamente cuenta lo que ocurre con el elenco de un programa tipo “Big Brother” –donde un grupo de personas están confinadas a una casa con cámaras por todas partes– cuando una plaga de zombis invade Inglaterra y el resto del mundo. Es sumamente entretenida y muy fiel a su género. Por último –y porque el espacio se hace corto–, también de Inglaterra, acabo de ver hace unos días “Sherlock”, una versión ambientada en la época actual del famoso detective de las novelas de Sir Arthur Conan Doyle que estrenó hace unos meses la BBC. Con tan sólo una primera temporada de tres episodios (el formato de pocas entregas parece que se está poniendo de moda), acaba de lograr su renovación para una segunda temporada.

En esta versión renovada, el dúo protagonista conserva todas sus características, pero sus personalidades y la forma de actuar de cada uno han sido adaptadas a nuestros días. Watson es un soldado herido de guerra en Afganistán, con una cojera psicosomática que no tardará en desaparecer tras la primera aventura. Mientras que “Sherlock”, brillantemente interpretado por Benedict Cumberbatch, abandona la pipa y la capa, que son sustituidos por un largo abrigo y unos parches de nicotina.

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