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Don Cheo, el último y primer encuentro

Editorial

por José Nova
José Nova

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Preferí en un primer momento no escribir en este espacio de opinión del triste fallecimiento de uno de los artistas de la salsa y el bolero más admirables de Latinoamérica, José Luis Feliciano Vega, a quienes todos conocimos artísticamente como Cheo Feliciano, pero la necesidad del sentimiento puede más que el silencio y es de honor resaltar no solo los invaluables aportes  que hizo a través de la música, sino también la calidad humana que lo distinguía hasta el último momento de su vida.

Tuve el honor de conversar hace poco con don Cheo, al final del encuentro que sostuvo con los medios de comunicación junto a los demás artistas que participaron en el homenaje que se le dedicó al maestro de La Fania, Johnny Pacheco. Le expresé mi admiración por su música y él me preguntó con una gran sonrisa qué era lo que más me gustaba de su repertorio, a lo que inmediatamente le respondí que sus boleros eran de mis preferidos, especialmente “Amada Mía”, una joya que mi padre repetía tantas veces en el radio de nuestra casa. Así crecí, disfrutando de sus canciones en el hogar, hasta que se separaron mis padres, pues mi madre nunca más las puso quizás para no recordar al hombre con quien compartió un hogar por casi 20 años. De ahí vino mi fascinación por don Cheo, por su música.

Pero conocí no solo al artista, sino también a un hombre de trato dulce, un caballero que se alegraba de que su música trascendiera generaciones. Y no era para menos. Su cancionero es exquisito, muchas de sus joyas han trascendido la barrera del tiempo, y como el buen ron, mientras más añejo mejor.

Con don Cheo no pudimos concretizar una entrevista por la prisa del montaje del homenaje a Johnny Pacheco y por el cansancio que le había causado el viaje, y me prometió que regresaría pronto, “posiblemente con la gira de los “Salsa Giants”, la que ahora estará dedicada a su legado en los demás escenarios que llegue. Y por si no volvíamos a vernos me concedió una foto, una instantánea que le solicité para dedicársela a mi padre, a su gran admirador.

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