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Cine

Nace el “cine bachata”

“Dólares de Arena” y “El Hombre que Cuida” son referentes de este subgénero

por Etzel Báez

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La primera fue Dólares de Arena, pero no lo advertimos hasta ver El Hombre que Cuida, con tipologías muy precisas, puntuales, que identifican siempre el nacimiento de un subgénero en el cine, como son las características peculiares de sus personajes y el modo como son tratados en historias y tramas, tal cual ese ritmo y subgénero musical tan dominicano como lo es la bachata que retrata con exactitud las tragedias de los desposeídos. 

Tenía que nacer en algún momento inspirado en la música dominicana, pues es la bachata el círculo notable de los artistas de barrio marginado, aquellos que nunca entraron en las lides pudientes con sus carros pescuezo-largos (cuando nace la bachata allá por los 60 cuando era música de guardia o bolerito de guitarra), y que, asimismo, retratan sus tragedias como en esos grandes clásicos de la literatura, tan universales, y hasta tan legítimos como los del tango. Pues sí, autóctona música pegajosa que da para bailar y bailar con los mismos pasos sin jamás hartarse del ir y venir cadencioso. Con su cambio de registro entre la primera y segunda parte. Por ejemplo, la bachata “Condena” (¿Qué será de mí?), de José Manuel Calderón. 

La bachata ganó el gusto popular de los marginados en los 60, y no fue hasta finales de los 70 y 80 que llega a las clases media y alta de boca de Luis -El Terror- Días, Sonia Silvestre y Víctor Víctor. El “Cine Bachata” toma el camino inverso con cineastas y público de clase media realizándolo y disfrutándolo, y es seguro que en algún momento del futuro inmediato llegue al pueblo marginado y no salga jamás, con lo que tendremos quizás el cine más popular y de mayor identidad dominicana, eso que tanto llaman Marca País en marketing.

En Dólares de Arena, así como en El Hombre que Cuida, los personajes de las bachatas saltan al cine y se apoderan de él. Los ambientes en los que desarrollan sus vidas están plagados de injusticia e inequidad social, lastimados en su cultura, arropados por la esperanza de un mañana que no acaba de llegar. Desnortados, rompen con toda moral y van donde los lleve la tempestad de sus reventadas vidas desviadas de todo futuro. Vidas que pululan en soberbios y soleados ambientes caribeños y noches de fuertes clarososcuros.

Los personajes –paradigmas– que llevan las historias son anti-héroes. Repletos de humanidad, con sus virtudes y vicios, son más creíbles que los épicos héroes habituales (no poseen probidades conceptuosamente atribuidas a estos). Tienden a procurar la soledad, huyendo de sí mismos y de sus circunstancias. Poco o nada respetados, ambiguos, no se sienten queridos o se sienten menospreciados –y vaya si lo son–. Sus antagonistas suelen ser arrevesados, bebedores furtivos, odiosa cobardía, abusivos, violadores, vividores, completamente alejados de toda moralidad cuando el apetito sexual se les sube a la cabeza. 

En el cine, como en la literatura universal, inicialmente, el anti-héroe aparece como un hombre tímido, pasivo e indeciso, lo que contrasta fuertemente con los héroes clásicos. Las anti-heroínas, son amorales, hacen todo por los motivos más egoístas, ofuscadas y quebradas. Sus decisiones no satisfacen a nadie. Tipos de personajes con pequeños ataques de melancolía que los deja ansiosos, que es lo que les hace temerosos de todo, aislados, y, así mismo, encantadora y cinematográficamente dulces y extraños, rarísimos.

La Noelí (Yanet Mojica) de Dólares de Arena es un tipo clásico de anti-heroína: roba, miente y seduce a Anne (Geraldine Chaplin) sólo para su propio beneficio. Cualquier mal que cause es apenas efecto secundario. La Karen (Julietta Rodríguez) de El Hombre que Cuida hace lo que hace sólo porque quiere un desafío, un escape del aburrimiento y, sobre todo, a sí misma. 

En ambos filmes, los personajes masculinos son perdedores, asociales, están fuera de sí, desalmados, insípidos, distantes, bárbaros, ordinarios, o meramente remolones. 
Dólares de Arena (2014) con guion y dirección de Israel Cárdenas y Laura Amelia Guzmán, basada en la novela homónima de Jean-Noël Pancrazi, cuenta la historia de Noelí, una joven dominicana que va todas las tardes con su novio a las playas, a ganar algunos dólares a costa de los turistas. Y aparece una clienta, Anne, una francesa entrada en años que ha encontrado la isla como refugio a su soledad. El novio-vividor y chantajista de Noelí, que se hace pasar por su hermano, elabora un plan que consiste en que Noelí viaje a París con la “vieja” y le envíe dinero todos los meses. Aunque la relación de Noelí con Anne se basa en el interés, una por sexo y la otra por dinero, sus sentimientos entran en conflictos y gana el desamparo.

El Hombre que Cuida (2017), con guion y dirección de Alejandro Andújar y Amelia del Mar Hernández, cuenta la historia de Juan (Héctor Aníbal) un hombre que pasa sus días, penas y conflictos custodiando una casa de verano de una familia pequeño-burguesa. Un guachimán. Y llega la visita sorpresa del hijito de papi, el desamparado de adultez, y con él un amigo con una chica de pueblo de explícito extravío social. 

En ambos filmes, a medida que se desarrollan las tramas, van apareciendo personajes cuyas conductas nos retrotraen al desvalijamiento social, donde cualquier relación interpersonal es liada por el trapicheo de unos pesos.

Nota
No se incluyen I Love Bachata, Alejo Bachata, ni tampoco Bachata La Película, por no alcanzar sus personajes siquiera el ser considerados como tales y sus dudosas narrativas como cine, como sí lo son las películas que le dan el acta de nacimiento al “Cine Bachata”.

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