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La “Estancia de Lata”, de HR Suriel, adorna el Museo de Arte Moderno

En la exposición, el artista proyecta su pensamiento a partir de una originalidad asociada a su experiencia vital

por Llilian Carrasco

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El Museo de Arte Moderno de Santo Domingo (MAM) abrió sus puertas a “La Estancia de Lata”, un proyecto artístico impresionante bajo el sello: HR Suriel, acogido inicialmente por la Galería de Arte Nader en Santo Domingo. 
En su búsqueda interior, el artista, cual Sócrates que decide visitar el Oráculo de Delfos, entiende que la respuesta a todas sus interrogantes se encuentra al “conocerse a sí mismo”. Y, en ese viaje cognoscitivo donde las elucubraciones se descifran, se va armando el juego de la vida y sus proyecciones sobre el entorno, las cuales pasan al lienzo o, sencillamente, se convierten en objetos.

Desde el 2015 hemos venido siguiendo con sumo provecho la producción visual de Suriel, luego de que visitáramos su estudio por invitación del admirado y querido Maestro Amable Sterling. Ahora que expone en el MAM, hemos querido publicar parte de las reflexiones sobre sus obras. 

Cabe destacar que su reciente muestra deviene como una extensión de su taller, donde la hoja de lata es el elemento por excelencia. Claro, que visitar la verdadera “Estancia de Lata” es como si por un momento estuviésemos en el lugar de una sardina, con la sola diferencia de que nuestros cuerpos aún pueden percibir aquel universo simbiótico en el que el entorno no puede influir en el ser a menos que se abra una brecha.

Para comprender y valorar el entramado artístico que presenta en el MAM, es necesario apartarse de lo bello y acoger lo sublime. Así, porque en su producción visual, más que edulcorar la figura de sendos personajes, lo que hace es conceptualizar sobre la representación de figuras, letras y objetos. De ahí que lo aportado por este prolífero creador, en vez de llamar la atención del espectador por referir rostros felices o paisajes de ensueño, trastoca la conciencia al recrear aspectos como las guerras, la violencia, la contaminación, la desigualdad, la pobreza, las luchas de clases, entre otros. 

Sus inquietudes sobre estos temas sirven para alertar al espectador, pues aunque el individuo viva de espaldas a ciertos hechos por ignorancia o inanición, más temprano que tarde las secuelas de sus malos actos aparecerán como tentáculos que azotarán su existencia. 

Sobre la base de las ideas que afloran de su inconsciente, el artista nos presenta mayormente un universo de tonalidades frías; un ambiente poblado de tristeza, desolación, angustia y existencialismo. En las proyecciones, el tiempo parece perder su función y lo humano se yuxtapone con una serie de objetos que serán recurrentes en las piezas. 

Es el silencio de la madrugada y esa cuasi ausencia de luz terrenal la que le inspira para transmutar sus elucubraciones mediáticas, logrando extraer el grueso de imágenes asociadas a los acontecimientos que se han suscitado a su alrededor. Todo ello le sirve como hilo conductor para aproximarnos al futuro que vislumbra en su caótico y subversivo modo de percibir las sensaciones del entorno como engendro de la descomposición social que prevalece actualmente.

HR Suriel parece advertir que el ser humano es el causante de su propia desgracia, el efecto proviene de una enajenación prolongada por un pasado sombrío e infeliz. Como apunta Don Carlos Nicolás de Palomera en su obra “El hombre de hielo”, ese ser “cínico y miserable encuentra placer en los males que origina”.

En su búsqueda interior, el artista parece encontrarse con los fantasmas de quienes se convirtieron en portadores de desasosiego durante la guerra y posterior a ella, ya que el impacto del “supuesto” ataque sorpresa, no fue más que un pretexto para que el monstruo que esperaba dormido desatara su ira. Esto se reafirma al observar la pieza “Los audífonos para mi guerra”. El mensaje se torna más preciso cuando revisamos lo siguiente:

(…) escucho algo y no sé de donde proviene, parece un aullido zumbando en el horizonte, viene de los contrarios, estamos preparados, aunque avisemos será ineficaz, nuestro destino está marcado, pero si anunciamos su llegada será anticipado el sometimiento. Aquella estridencia proviene del Este, pero no estoy seguro (…).

De acuerdo a lo propuesto por HR Suriel, podríamos vaticinar que muy a pesar de los planes del altísimo, el hombre y su ambición desmedida han guiado a la colectividad al abismo. 

Con cierta ironía, el artista abre paso a la pieza “El accidente” y, describiendo la escena expresa que: “en la vecindad opaca dos furgonetas repletas de alcohol se desgastan”. En efecto, al centro de la composición aparecen dos figuras humanas con rostros de furgonetas chocadas. Continúa su relato indicando: “está lloviendo ácido y los cristales están empañados” , por lo que asumimos que esta obra promueve una denuncia social ante la gran ola de violencia que nos arropa. En resumidas cuentas, lo que advierte HR Sueriel es que: “la debacle está cerca, pero es más fácil no asumir ningún grado de responsabilidad por ello”. 

No dejen de visitar esta interesante propuesta de un artista auténtico que proyecta su pensamiento a partir de una originalidad asociada a su experiencia vital, digna de ser promovida. Sus piezas constituyen un sello inconfundible donde quiera que se encuentren. 

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